Y así fue, hoy tuve un jamais vu. Sé que es estúpido concebirlo, jamás lo vi pero sucedió, ¿quién puede decir lo contrario?. Estuvo ahí todo el tiempo, inerte en alguna parte de mi pensamiento. ¿Cómo describir algo jamás antes visto? no lo sé, tal vez sintiéndolo, pretendiendo que lo viste y añorandolo. Pero, ¿qué ves cuando pasa? sé que es algo parecido al universo que vemos al cerrar los ojos, algo como el sabor aquel que nunca hemos degustado, un hedor que provoca impaciencia, que da ánimos.
La sensación absorbió mi capacidad de razonamiento, se comió mi aliento he hizo lo que quiso con lo poco que me quedaba de imaginación. En ese instante supe que nunca había visto algo como lo que se posaba frente a mí, me sorprendía el saberlo.
Son muchos los déjà vus que he tenido, ninguno se compara a un jamais vu como éste. Sabía que estabas aquí, nunca te vi pero te sentí. Como si fueras parte de mí. Lo más adecuado era que sintiera que había algo mal en mi cabeza, o al menos eso es lo que el sentido común me ha enseñado. Yo, por otro lado, me sentía más libre que nunca y acabé por convencerme de lo que jamás había visto.
No paro de contemplar los detalles que nunca vi, mi corazón palpita y disfruto sentirlo. Mi vida se convierte en algo desconocido. Ésta no es más que un proyecto de mi imaginación, aquélla que resultó dañada por lo que nunca había visto.
Por Juan Aguilar
>>













